DE COLASTINÉ NORTE A CAYASTÁ EN BICI

Un viaje relámpago de reconocimiento por la RP1

Provincia de Santa Fe - República Argentina

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Por Emanuel Altuna
Director de Ruedalas

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Por Emanuel Altuna
Director de Ruedalas

Tabla de contenidos

bici

La magia de viajar en bicicleta

¿Querés viajar sin apuro? ¿Te gustaría vivir una experiencia que te reconecte con vos mismo?

¡Descubrí, ahora, las 3 claves de un biciviaje!

Y el infinito poder que llevás dentro tuyo…

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¿Cuánto le metés hasta allá?”, me preguntó Maca.
“Mirá, no quiero alardear, pero considerando que en Diamante hago un promedio de 50 km en 2 hs, acá que es llano, no debería demorar mucho más de 3 hs, 3 ½ a lo sumo”, le respondí, y me dio las llaves de su casa...

Leé, y, si te gusta...

¡Ayudanos compartiéndolo!

¡Muchas gracias por pedalear con nosotros, amigo biciviajero!

Desde allí partí a las 07:40 del sábado 23 de marzo de 2024, con el sol apenas levantándose en el horizonte tibiamente.

Era una mañana fresca para las mangas cortas pero llevaba puesto un chaleco de polar que me abrigaba el torso. Ya entraría en calor…

Llegué al cartel de arco que da la bienvenida a Cayastá, donde realicé las dos únicas fotos con la cámara*, a las 11:05, es decir, exactamente 3 hs y 25 minutos después.

Buena faena, considerando que sin ir a toda prisa, sí llevé un ritmo constante y bastante parecido al que llevo cuando entreno.

Debo decir, sí, que malinterpreté la dirección del viento, que se pronosticaba desde el Noreste, precisamente en dirección contraria a la que yo llevaría durante la ida (Sureste – Noreste).

Cosas que suceden cuando uno cambia, inexplicablemente, su fuente de consulta habitual.

En conclusión, fueron 60 km con viento de frente a unos 20km/h en una llanura con grandes espacios verdes entre la ruta y los alambrados, con apenas algún manchón arbóreo que mitigaba el castigo cada tanto.

Un esfuerzo “extra” que no había calculado pero que valió la pena, claro:

¡Había llegado a la ciudad que me esperó durante 24 años, y, de yapa, en-bi-ci-cle-ta!

bienvenida

Cayastá en la prehistoria...

¡De mi vida!

Sí, ocurre que el circuito ciudad de Santa Fe – Santa Fe la Vieja – Cayastá, que en parte estaba recorriendo ahora, fue, sino el primero, uno de los primeros viajes de estudio que mis compañeros de la carrera de Turismo realizaron en el año 2000, cuando yo todavía le daba vueltas a la idea de abandonar la de Ingeniería Civil y tomarme un improbable año sabático o solicitar el ingreso a la de Turismo, lo que acabó ocurriendo.

Al final, hacia mayo de aquel año, estaba cursando mi segunda carrera en meses y poniéndome al día con los trabajos prácticos sobre viajes que no había realizado. 

Santa Fe – Santa Fe la Vieja – Cayastá, entre ellos. 

Y aquí una verdad de perogrullo: ¡El tiempo pasa implacable y nunca creí que pasaría ni tanto ni tan rápido!

Pero aquí estamos, resueltos a pasar del papel y el retraso a la acción lisa y llana.

Antes del viaje

Tan resuelto estaba ahora, que un buen día, hace poquitos días en rigor, me dije “voy a ir a Cayastá pero en bici”

Tiene algo de lógica, ¿no?, ¡si Ruedalas va de viajes en bici! 

No podía, no quería esperar más.

Y aquí un digresión oportuna. 

Resulta que viviendo en Santa Fe en 2022 (donde tenía una agencia de turismo con un colega), tuve la intención de hacer este viaje en ómnibus llevando mi plegable rodado 20 en la bodega del micro, para poder moverme con comodidad y libertad por la ciudad durante algunas horas, aprovechando un feriado puente post pandemia.

Lo previsible: no conseguí ni mucha información (la inmensa mayoría de las boleterías estaba cerrada… ¿será por eso que ahora, literalmente, han sido levantadas?) ni pasajes.

Resultado: viaje fallido por segunda vez.

Cayastá 2 – Emanuel 0. «Partido chivo el que jugamos…»

Entonces, ahora decidí aprovechar la visita a casa de unos amigos en Paraná que regresaban de un viaje familiar por el viejo mundo, para cumplir también con Maca y la visita veraniega a su nueva casa en Colastiné, apenas comenzado el otoño, justo justo en camino hacia Cayastá…

Se habían alineado los planetas para mí, y, sumado a que desde que regresé a Entre Ríos pude intensificar mi entrenamiento diario con la bici (que, no lo dije, durante casi un año en Santa Fe fue de la mano de esa plegable rodado 20… ¡sí, no hay excusas cuando uno quiere hacer algo!), ahora estaba convencido de que tenía la capacidad para realizar el esfuerzo que supone recorrer 75 km de ida y otros 75 km de regreso en el transcurso de una jornada. 

Más adelante me referiré también a esto.

Además, ¡la tercera es la vencida!, decimos por acá.

¡El viaje!

Dos mensajes de texto, dos escalas previas y los primeros 151 km de tirón en mi vida -contando la visita al parque arqueológico, una pausa para el almuerzo en la Plaza San Martín y la visita a un complejo turístico-, en 10 hs 40 minutos aprovechando la luz del día. 

Es cierto, había otros 50 km extra, sin más valor que el de sumar una nueva pedaleada y alcanzar los 200 km en dos jornadas, que decidí suspender y más adelante te contaré porqué.

Cayastá 2 – Emanuel 1. «… todos atrás y Dios de 9»

Futbolísticamente hablando, achiqué la diferencia de milagro faltando pocos minutos para el cierre del segundo tiempo.

¡Nada mal para un aficionado viajero amante de la bici, insulinodependiente, de 42 años!

Es que los retos nos ayudan a ganar confianza en nosotros mismos y nuestras capacidades y a hacer realidad aquello de que puede quien se lo propone.

En rigor de verdad, no fue un milagro: fui yo y mi determinación.

Acá me ves, ¡feliz como una perdiz!

Ya te contaré mis impresiones y recomendaciones para realizar esta ruta, por si acaso te aguijonea el bichito de la curiosidad. 

Te aseguro que vale la pena, sobre todo si vivís o andás cerca.

Pero ahora, dejáme hablarte de las sensaciones de este viaje relámpago; para mí, lo más importante.

Mis sensaciones y una posible fórmula

Te aseguro, desde niño, las mismas siempre: una cosquilla en la panza, mezcla de ansiedad y alegría por el viaje que se avecina.

La conquista del territorio metro a metro, ¡porque sobre la bici un kilómetro, como en la escuela, vuelve a ser mil metros! Y no se puede recorrer el segundo ni el tercero sin haber transitado antes el primero.

La conquista del propio cuerpo: saber que somos la fuerza motriz que impulsa a nuestra máquina y administrar ese suministro de energía en la dosis justa para llegar enteros y volver.

Y, quizás la más importante: la conquista de nuestra mente, territorio incorpóreo donde radica toda posibilidad o bloqueo. Lo dije antes: puede quien se lo propone, y esto vale para cada orden en nuestras vidas.

La fórmula que se me ocurre para graficar esta triple conquista, es la siguiente:

Mente + Cuerpo / Territorio

= Distancia

Diapositivas

Diapositiva anterior
Diapositiva siguiente

¿Acaso… La fórmula de la Felicidad, de la Libertad?

¡Dejame con esta ilusión por lo menos!

En cuanto al territorio, como adivinarás, tiene especial relación con el estímulo permanente de los sentidos de la vista y el olfato.

Los colores del paisaje, los cultivos a uno y otro lado de la ruta, las formas del relieve y el arbolado, la presencia de manchones urbanos o semi urbanizados cada tanto, la de personas realizando sus labores agrícolas cotidianas y hasta de la propia fauna silvestre (representada fundamentalmente por aves en esta área que es un Sitio Ramsar), y los animales de crianza para consumo humano en granjas, desde luego.

Los olores, los aromas del pasto húmedo recibiendo los primeros rayos de sol y de los cultivos (maíz, arroz, frutillas y la infaltable soja…) meciéndose a capricho del viento que nos puso a prueba también.

Kilómetros y más kilómetros sin ver una sola alma, rodeado de esos cultivos, relictos del monte nativo e, incluso, plantaciones forestales para la producción de maderas.

¡La oportunidad perfecta para conversar con nosotros mismos!

Cada tanto un camión, numerosos ómnibus que conectan pequeñas poblaciones con la ciudad capital y algunos autos, pero no mucho más. 

Mucha Paz y tranquilidad.

Por momentos, el paisaje dominante es el de la soledad absoluta y sólo somos nosotros y nuestra máquina

Creéme: a excepción de compartirlo con otros, ¡no hace falta mucho más!

¡Uno vive emocionado sobre la bici! Y todas y cada una de las emociones son válidas: alegría, por la oportunidad de estar haciendo lo que amamos, por la posibilidad de un día más… 

La felicidad de estar vivos y en lucha por nuestros sueños… 

Conmoción frente a los pequeños detalles que nos regala nuestro hogar en esos momentos (sí, la bendita naturaleza) y sorpresa…

¡Hasta las lágrimas -qué se me cayeron unas cuantas- pensando lo bello que es estar viviendo esos momentos y lo hermoso que será compartirlos con biciviajeros como vos! 

Y mucha pero mucha “piel de gallina”, que hay más de un motivo para sentir esa suerte de electricidad esparciéndose por nuestro cuerpo.

Es que cuando encontramos el ritmo, la cadencia de pedaleo en que nos sentimos cómodos, prácticamente perdemos la noción del tiempo y la distancia: todo es relativo y lo único que importa es disfrutar.

De esta manera, sin acaso saberlo, estamos enviando estímulos permanentes a nuestra mente y viceversa: hombre y máquina somos una sola entidad.

¡Esta es la magia de viajar (y andar) en bicicleta!, y vos podés descubrirla también haciendo clic en este enlace.

"Es que los retos nos ayudan a ganar confianza en nosotros mismos y nuestras capacidades y a hacer realidad aquello de que puede quien se lo propone".

La ruta

Desde el rulo de la colectora que empalma la RN168 (que en este tramo une las ciudades de Paraná y Santa Fe a través del túnel subfluvial) con la RP1, por la cual nos desplazaremos, son unos 75 km en sentido Noreste, apenas 2 o 3 menos desde Colastiné, sitio de nuestra partida.

ruta

Desde aquí hasta San José del Rincón, se puede circular por ciclovías a ambos lados de la ruta y sus colectoras.

Son unos 7 km de ciclovías en total. A partir de allí, la ruta es de 2 carriles, mayormente en buen estado.

Personalmente, siempre que circulo por ruta, lo hago hacia afuera de la línea o banda blanca o sobre esta si es que está marcada. No hay banquinas transitables.

Unos kilómetros más adelante, llegamos a las Comunas de Arroyo Leyes y Rincón Potrero.

Continuando y en sus cercanías, a 20 km de nuestro punto de partida, cruzamos el primer puente de estilo ferroviario, sobre un brazo del Arroyo Leyes, cuyo cauce principal atravesaremos apenas 2 km más adelante, esta vez sobre un puente carretero con barandas de caño bastante bajas para mi gusto, que dan un poco de vértigo desde la bici, justo antes de atravesar un tercer puente, más corto y sobre una laguna, antes de llegar a Los Zapallos.

La próxima localidad sobre la RP1, será la Comuna de Santa Rosa de Calchines, a unos 13 km de este punto. 

Aledaña al arroyo Calchines del que toma su nombre, Santa Rosa será la última población antes de Cayastá. A partir de aquí serán 33 km de soledad, arroyos, espejos de agua y monte hasta el ingreso a las ruinas de Santa Fe la Vieja.

"Por momentos, el paisaje dominante es el de la soledad absoluta y sólo somos nosotros y nuestra máquina…"

La monumental caída de un viejo ídolo

En el camino, recorridos unos 47,5 km a la altura del Paraje Los Cerrillos y sobre la mano izquierda de la ruta, se levanta (mejor, se cae) el Monumento a Carlos Monzón. 

Fallecido en un accidente automovilístico en ese mismo lugar, el 8 de enero de 1995, cuando regresaba a la cárcel tras una salida transitoria, en la que purgaba una condena por la muerte de su pareja, la modelo Alicia Muñiz, ocurrida a fines de la década de 1980.

En el ámbito deportivo, que es donde realmente se destacó el santafesino, Monzón es, al día de la fecha, el boxeador más grande de peso mediano de todos los tiempos.

Desde su conquista del título mundial tras derrotar por KO al italiano Nino Benvenuti en 1970, luego de siete años de reinado y catorce exitosas defensas de ese título, se retiró del boxeo en 1977.

El estado de este Monumento, abandonado y vandalizado, no se condice con la gloria alcanzada por quien es, junto a Alejandra «Locomotora» Oliveras, el mejor púgil argentino de la historia

Ni siquiera está su estatua, cuyo derrotero, sabemos ahora, la ha llevado a resguardo de su autor, el artista Roberto Favaretto Forner.

boxeadores

También, en el trayecto, pude observar la presencia de carteles indicando la existencia de las Reservas Privadas de Usos Múltiples Los Ceibos y La Elena, aunque desconozco si están abiertas al público o cuál sea el tipo de gestión de dichas áreas.

Las ruinas de Santa Fe la Vieja: anhelado destino de mi biciviaje

Apenas llegamos al área, un cartel señala la existencia del Parque Provincial Cayastá, hasta cuyos límites -por lo menos- se puede llegar desde la Estación de recorrido ambiental del Parque Arqueológico, cerrada al público en ocasión de mi visita.

No pregunté el motivo, pero supuse que se debería a la epidemia de dengue en la región, ya que es un paisaje netamente de humedales, ambiente ideal para la proliferación de las larvas de este insecto (el mosquito) que nadie sabe para qué sirve. ¿Vos lo sabés? ¡Contáme!

Dicho esto, el Parque Arqueológico de Santa Fe la Vieja propiamente dicho, se levanta en el sitio de emplazamiento primitivo de la ciudad de Santa Fe y se accede directamente desde la RP1, a la altura del km 78. 

Una bonita torre de tres niveles, de estilo colonial con su arco de ingreso y la dependencia donde funciona la recepción, nos dan la bienvenida al complejo desde la ruta.

ruinas

Breve síntesis histórica del sitio

La primitiva ciudad donde hoy puede verse buena parte de las ruinas descubiertas, fue fundada por el español Juan de Garay el 15 de noviembre de 1573 y resistió los embates del hoy río San Javier (que ha erosionado durante siglos sus barrancas, “tragándose” buena parte de la traza original), hasta su definitivo traslado a la ubicación actual en 1660, es decir, durante 87 años.

Podemos leer en el folleto que nos entregan al momento de nuestro ingreso:

folleto

“El sitio de la primitiva ciudad estuvo abandonado durante siglos; a finales del siglo XVIII en sus proximidades se fundó una reducción de mocovíes y en la segunda mitad del siglo XIX fue incorporado como parte de la colonia del pueblo de Cayastá, formado con inmigrantes europeos.

A partir de 1949 Agustín Zapata Gollán inició las excavaciones arqueológicas que permitieron recuperar un excepcional conjunto de estructuras arquitectónicas y de artefactos que documentan la vida de los pobladores de finales del siglo XVI y primera mitad del XVII.

El sitio fue expropiado por el gobierno provincial y en 1957 fue declarado Monumento Histórico Nacional”.

Resulta interesante destacar que Santa Fe, hoy conocida como S.F. la Vieja, fue una de las primeras ciudades hispanoamericanas del Río de La Plata, aún anterior a Buenos Aires (fundada en 1580) y Corrientes (fundada en 1588).

La ciudad sería cruce de caminos, una posta en las rutas a Buenos Aires y Perú, en el marco de la estrategia colonizadora de los españoles, con el fin de conquistar territorios habitados por indígenas y anexarlos a los dominios de la Corona española en América.

Una historia conocida…

Mis impresiones

Como intuyo que a esta altura podés estar preguntándote: 

Pero “Ema, ¿vale la pena la visita?”, me adelanto a responderte con un ¡sí! rotundo.

 “¡Claro que vale la pena ser testigo de una partecita de la Historia de la Humanidad en estos pagos!”

Acaso, ¿seríamos tan soberbios de creer que la Historia sólo se encuentra en los grandes sitios que dieron origen a la civilización antigua hasta llegar a la actual? 

¿O en los grandes Museos europeos? 

¡Esa es tan sólo una parte de la historia, amigo biciviajero, no toda la historia!

Por eso es que ahora te propongo que vos no esperes tanto tiempo como yo, y te sumes ya a nuestra Lista prioritaria para la Travesía Pedaleando por las sendas del poeta, porque a partir de esta visita, Cayastá será una de nuestras escalas obligadas. Sólo tenés que darle clic al enlace en letras naranja y registrarte.

Volviendo a nuestras ruinas: considero que tenés que ser capaz de comprender que no vas a encontrar ruinas al estilo europeo de los grandes monumentos o las antiguas civilizaciones del Valle del Nilo.

No, desde luego.

Y la razón es simple: la ciudad que aquí se levantó hace 5 siglos, se levantó, precisamente, con los materiales disponibles en el entorno, es decir, tierra, limos, barro y las maderas que proveían los propios árboles de la zona.

plano

Así las cosas, los vestigios que hoy se observan tras las excavaciones iniciadas por Zapata Gollan en 1949, son restos de los cimientos de algunos edificios construidos con aquellos materiales, apisonados hasta adquirir firme consistencia dentro de una suerte de anchas cubetas o encofrados de madera cepillada, por los propios indígenas y los africanos que formaron parte de las jerarquías más bajas dentro de la sociedad naciente.

Son los “muros de tapia”, comunes a la mayoría de las edificaciones del sitio. A excepción de los ranchos, en cuya construcción se utilizaba la paja con horcones de laurel o algarrobo y varejones de sauce, según las investigaciones del propio Zapata Gollan.

cimientos
muros de tapia 2

Las techumbres, a dos aguas, fueron realizadas con tirantes de madera de palmeras (como puede observarse al centro de la siguiente fotografía) y cerradas con tejas cerámicas cuyos restos pueden verse también, alrededor, precisamente sobre los cimientos descubiertos tras las excavaciones.

techo

Y, claramente lo más impactante, es la presencia de restos óseos descubiertos en el mismo lugar durante dichas excavaciones, ya que el piso de tierra de los templos (unos 5 en su tiempo de esplendor) era utilizado cual cementerio, para entierro de los vecinos de la ciudad, incluyendo a autoridades y curas.

Por supuesto, respetando las «jerarquías sociales» de cada individuo… hasta en la muerte…

sepulcros
entierros

Según nos contará Ana Laura, guía de sitio, hace algunos años, y tras haber sido exhibidos los restos originales durante mucho tiempo, los especialistas advirtieron que el proceso de preservación no sólo no evitaba el deterioro de los cuerpos, sino que lo agravaba, razón por la cual fueron reemplazados por réplicas exactas realizadas en cemento.

Realmente, si no te lo cuentan, es como si estuvieses viendo esqueletos verdaderos. ¡Impresiona hacerlo!

Apenas uno ingresa al parque y tras anunciarse en la recepción, es recibido por los guías en el Museo de sitio, donde puede observarse numerosas piezas y artefactos que indican la presencia de nativos y españoles y algún que otro proceso de aculturación.

museo

A manera de crítica, quizás...

Y con el espíritu constructivo que anima estas reflexiones y lo que pretendo, mi modo de andar por la vida.

Apenas ingresé a este hermoso parque, noté cierto dejo de abandono en el predio. 

Es cierto: es una superficie al aire libre (a excepción de las ruinas descubiertas que se encuentran convenientemente protegidas por tinglados con sus paredes de material y techos de chapa) de grandes dimensiones (unas 69 ha).

Que debe «luchar» contra el avance de la naturaleza estimulada por las copiosas lluvias.

Hecha esta aclaración, pude observar pastos altos en algunas áreas, adoquinados con un notable avance de gramillas y falta de mantenimiento en la cartelería interpretativa existente de tipo autoportante (en algunos sectores ha sido retirada, quizás para su restauración o reemplazo), aún la de tipo monolítica, cuyas letras en grabado sobre granito, han perdido buena parte de la pintura dificultando la fácil lectura.

Y pienso: no es demasiado lo que hay que hacer.

A modo de “consuelo de tontos” (mal de muchos), diré que he visitado numerosos monumentos históricos nacionales, como el Palacio San José en Concepción del Uruguay (Entre Ríos), y el estado es muy parecido.

Ojalá las autoridades competentes tomen pronto cartas en el asunto para revertir esta situación. Pienso que el sitio (que ambos sitios) lo merece/n.

Por lo demás, ese sábado fui el único visitante hasta la llegada de algunas familias (¡qué lindo es ver a padres con sus guirses, que en realidad están allí, porque sus hijos han estado con la escuela antes!), y la atención de Estela, Vanina y Ana Laura fue de lo más cálida y respetuosa

Mi reconocimiento para ellas desde estas líneas.

Comparto ahora algunas fotos para ilustrar esto que digo:

monolito
placas
busto
pastos

Si bien no se cobra un canon en concepto de entrada al predio, la Asociación de Amigos de Santa Fe la Vieja pone a disposición del visitante un Bono contribución voluntario de $1000 y $2000 (alrededor de USD1 y 2), y es digno destacar, mediante dicha contribución, su tesonera labor en la conservación y difusión de este magnífico patrimonio cultural de los argentinos.

bono contribucion
adoquinado

Mis recomendaciones

Como bien sabés, si estás leyendo esto es porque encontraste que un loco (o no) hizo 150 km en bici, en una provincia que no es la de su residencia, por una ruta totalmente desconocida, sin smartphone ni GPS, mirando el mapa 2 días antes de salir de su casa y tan sólo para ir conocer unas ruinas por las que esperó 24 años.

Pensándolo bien, ¡tal vez esté un poco loco!…

Qué, como decía la tía Chicha, «¡sarna con gusto no pica!»

En fin, podés pensar lo que quieras, pero seguro entendés estas locuras, si no, no hubieses llegado hasta aquí.

Basándome en esta experiencia en particular y considerando que yo no disponía de ese tiempo, si quisieras hacer esta ruta, yo te recomendaría que te tomes dos días, es decir, que duermas en Cayastá y emprendas el regreso al otro día o continúes con tu plan de ruta, si no lo tenés definido o es otro el destino.

Ojo, tal vez a vos no te cueste nada hacer esa cantidad de kilómetros en una sola jornada o más… dependerá de tu entrenamiento y tus ganas, pero te digo sin pelos en la lengua que a mí se me hizo largo el regreso, no tanto en materia de tiempo (ahora tenía viento de cola, y apenas sumé 25 minutos al tiempo del viaje de ida, contando un par de paradas para descansar, hacer una merienda y comprar agua), sino en materia de esfuerzo: prácticamente 11 horas sin dejar más que por breves momentos la bici, es bastante, por no decir mucho.

Nada más lejos de lo que hacemos en Ruedalas. ¡Jamás te sometería a esfuerzo semejante!

Pero, lo dicho: dependerá de cada uno.

Sumale a eso que durante todo ese tiempo cargué una mochila sobre mi espalda, si bien con lo necesario para pasar con tranquilidad la jornada (algunos snacks, repuestos para atender pinchaduras, una lata de lentejas, huevos duros y frutas para el almuerzo, galletitas para una merienda y mi medidor de glucemia e insulinas con cadena de frío), el peso termina sintiéndose en hombros, brazos y la misma espalda, con el traqueteo de un buen kilometraje

Una sugerencia: si vas a usarla porque no tenés parrilla porta alforjas, llevala lo más arriba posible (quiero decir, que no vaya golpeando sobre la zona de la espalda baja o las caderas) y lo más sujeta al cuerpo posible, sin asfixiarte, ¡claro!, que tus pulmones necesitan expandirse a pleno.

Para el agua: 2 caramañolas de 750 ml y paradas de reabastecimiento, sobre todo en destino y al regreso. Tené en cuenta los 33 km entre Santa Rosa y Cayastá en los que no hay prácticamente nada. Yo no necesité más de 4 ½ litros esta vez y no tuve sed o mayor necesidad; incluso llegué con algún resto a Colastiné.

La buena decisión: emprender el regreso en la siesta (14:30), ya que llegué, si bien todavía con claridad, con el sol perdiéndose en el horizonte pasadas las 18:15.

Siempre tené en cuenta la cantidad de horas de luz solar para tu salida.

Un error que cometí, y con esto vas a entender porqué digo al comienzo de estas líneas que decidí suspender los 50 km del domingo: no llevar protector solar.

Ya a las 11:30 del sábado, en el parque arqueológico, advertí que mis brazos estaban en llamas. Incluso me ardían un poco las rodillas (jamás uso calzas largas o pantalones).

No me justifico (¡hay que protegerse del sol!), pero siempre evito las horas entre las 10 y las 17 para pedalear y ni siquiera uso protector.

Por las circunstancias, esta fue una excepción y la mala costumbre me pasó factura.

Jamás me había quemado así, salvo alguna tarde de playa hace muchísimos años… ¡tantos que ya ni me acuerdo!

Este es el único motivo por el que no realicé el trayecto entre Paraná y Diamante el día domingo: el sol me iba a matar, literalmente, aunque hubiese llevado mangas largas… que tampoco tenía.

¡Así que acá estoy, cambiando de piel como un lagarto dos semanas y pico después!

Tené la precaución de evitar las horas indicadas, sobre todo en verano. Tené en cuenta también que, a finales de esta estación, los días “se acortan”, es decir, las horas de luz natural se reducen notablemente: amanece más tarde y oscurece más temprano. ¡Los días siguen teniendo 24 hs!

¡Ah! Otra cuestión súper importante: si bien me referí a que es una ruta bastante tranquila, la cosa cambia los fines de semana, ya que la RP1, por lo menos en este tramo que he recorrido, es una zona de mucho turismo de pesca.   

Especialmente entre Colastiné y la zona del Arroyo Leyes (unos 20 km) donde hay infinidad de casas de fin de semana y muchísimas opciones de alquiler para pasar el día.

Mi sugerencia es que evites las horas pico, fundamentalmente las de regreso el día domingo: el tráfico es un hormiguero… ¡y la hormiga más pequeñita sos vos! ¿Se entiende, no?

La pregunta del millón

«¿Y la bici?, Ema?» 

Como muchas personas todavía creen que para viajar en bici se necesita una máquina de miles de dólares, quiero enseñarte la máquina con la que viajé yo: 

«La India», una Raleigh Mojave 2.0 del 2016, rodado 26 con 21 velocidades. 

bicicleta
bicicleta-dos

"... pienso que mucha gente se desanima un poco al momento de pensar en viajar en bici. (...) Y las razones / excusas / creencias limitantes / miedos / objeciones que tienen, son casi siempre las mismas (...) 'no estoy en forma, no me da el físico, yo nunca he viajado, no encuentro un buen equipo para hacerlo' (...) alcanza y sobra con una bici en buenas condiciones y la determinación de dar esa primera pedalada de Libertad..."

almuerzo

Sí, en plena era de las R29, acá me ves, en una 26 con su transmisión de 3×7 bastante castigada por el uso; nada que con un poco de pericia pueda transformarse en una molestia.

¿Sabés una cosa? Te digo esto porque pienso que mucha gente se desanima un poco al momento de pensar en viajar en bici.

Sobre todo aquellos que la han descubierto recientemente, a raíz de la pandemia, por ejemplo. 

(Mientras escribo esto, siento que me contradigo, pues siempre digo que la pandemia no ha sido ni traído ni tenido nada bueno… pero… ¡que mucha gente haya descubierto la bici es bue-ní-si-mo! Lo único bueno)

Y las razones / excusas / creencias limitantes / miedos / objeciones que tienen, son casi siempre las mismas (¡te invito a contarme en comentarios cuáles son las tuyas!).

Naturalmente, piensan «no estoy en forma, no me da el físico, yo nunca he viajado, no encuentro un buen equipo para hacerlo, bla bla bla»… ¡huevadas, pajas mentales que no te llevan a ninguna parte!

Muchos empiezan a compararse con «esos pocos locos» que pedalean desde toda la vida y que, desde luego, esos muchos descubrieron hace poco.

¡La mayoría tiene bicis que parecen de otro planeta!

Por favor amigo, amiga biciviajera: ¡No te compares!, vos sos único/a e irrepetible y no importa qué máquina tengas ahora… 

¡Te aseguro que no se necesita una súper bici de USD3000 para viajar! (hacé clic en enlace si querés saber más).

Por supuesto, sos libre de elegir con qué comodidades hacerlo, desde luego.

Pero tenés que saber que alcanza y sobra con una bici en buenas condiciones y la determinación de dar esa primera pedalada de Libertad.

Nada más ni nada menos.

La satisfacción, la alegría y la euforia que se siente tras cada pequeña conquista sobre las dos ruedas es una experiencia que tenés que vivir, por lo menos, una vez en tu vida

Destacado: Las manos amigas y las manos mágicas

Esas personas que hacen todo más llevadero o que salen en tu auxilio:

  1. Haydée y Guido, que me recibieron en su casa en Paraná, con abrazos, mates, charlas vitales y artísticas y un rico almuerzo. 
  2. Darío, chofer de la línea Paraná – Santa Fe, que me hizo la gauchada de permitirme descender en ruta. No pueden abrir las bodegas sino hasta llegar a la terminal. ¡Un crack el tipo!
  3. Maca y Marian, que me hospedaron y alimentaron por dos noches, incluyendo un asadazo el sábado.
  4. Ignoro su nombre, pero imaginemos que era Rosa, ¡la señora de las manos mágicas que me vendió el segundo pan con chicharrón más rico (y calentito) que probé en mi vida!, llegando a Colastiné. ¿El primero? ¡El de Norma! (la mamá de Augusto), casi una segunda para mí, que me refugiaba en su casa cuando yo salía hacia la Facultad de Ingeniería pero no iba…

    A todos ellos, y a los que mensajean esperando «señales de vida»  desde casa, ¡mil gracias! (Si pedalear no es señal de vida, ¡qué me cuenten qué es la vida!)

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* Imprevistos

Realmente fue un viaje sin sobresaltos, sin averías mecánicas, ni siquiera una pinchadura. Lo que se dice, “¡un lujo!”

Y, más allá del cansancio, más que nada vinculado a la incomodidad/dolor en la zona pélvica (¡duele un poco el culo después de los 75 primeros kilómetros!) y los brazos, ¡tenía piernas para seguir otros 100!, el único imprevisto fue quedarme sin cámara fotográfica apenas tomadas las dos primeras y únicas fotografías…

Sin atisbo de aviso, la muy hija de mil… cámaras (¿estabas esperando una puteada?), dejó de hacer foco y me vi obligado a decir “adiós” a las hermosas fotos que había pensado traerme de mi visita a las ruinas de Santa Fe la Vieja.

Como diría el querido «Pampa» Larralde: “Cosas que pasan”

¡No todo puede salir bien en un viaje! 

Y lo mejor es que aquí radica parte de la magia de andar.

Pero ¡vamos!, que nunca todo está perdido: entonces vino en mi auxilio el viejo Nokia Asha que siempre cargo conmigo para posibles emergencias. Aunque la de esta vez, fue la de cubrir la ausencia del “ahogado” Xiaomi… Consejo: ¡No hagas como yo y revisá tus bolsillos antes de meterte al agua!

Así que las fotografías que he compartido con vos son lo mejor que ha podido darme el viejo cacharrito con su cámara de 3.2 MP…

Espero sepas valorar la intención que, dicen, “es lo que cuenta”.

¿Presupuesto de viaje?

Es una manera de decir, claro.

Contando el transporte utilizado, la comida, el agua, una carga de refuerzo para el teléfono, el bono contribución en las ruinas y considerando algunos «ahorros», como la invitación a un almuerzo, una cena o dormir en casa de amigos, y que no tuve ningún inconveniente con la bicicleta, un día y medio en ruta me costó casi $30.000 (unos USD30).

Si hubiese dormido en campings (tendría que haber llevado carpa además) o en alojamientos, tranquilamente hubiese llegado hasta cerca del triple esa cifra, contando impuestos, más comidas en ruta, entre otros «gastos».

Pero este es mi caso particular, insisto en esto también.

Habrá quien gaste menos como habrá quien gaste más.

Como agravante: en una economía inflacionaria como la argentina, no existen precios de referencia…

En cualquier caso, te aseguro que no es un gasto: ¡es una inversión increíble en tu propia felicidad!

Y, sabemos, la Felicidad y la Libertad no tienen precio.

Creo que ese es un buen final para culminar este relato…

¿No te parece?

Algunos datos de interés

A continuación, te dejo un par de datos de interés a raíz de mi biciviaje. 

No es este artículo ni pretende serlo, una guía de viaje o turismo, sino una simple narración en la intención de que al leerla, vos puedas imaginarte un poquito estas vivencias. 

Si es necesario decirlo, informate todo lo que puedas antes de emprender un viaje.

– Página web del Parque Arqueológico Santa Fe La Vieja (Cayastá): https://www.santafelavieja.gob.ar/ 

Esta visita, sobre todo realizada por estudiantes, se complementa con una segunda visita al actual emplazamiento, la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, 85 km al Suroeste, donde se encuentra el Museo Etnográfico y Colonial, nexo entre ambos asentamientos. Te convendría llegar hasta aquí* antes de lanzarte hacia Cayastá.

(* ¡Es tan linda Santa Fe con su puente colgante, el boulevard, sus dos costaneras sobre la laguna Setúbal y su cervecería!)

– Cayastá es una ciudad pequeña que se extiende a ambos lados de la RP1 y hacia el Norte del parque arqueológico; vas a encontrar lo necesario para tu estancia con un poco de paciencia. Tiene una pintoresca costanera con varios niveles sobre el río San Javier.

El viaje de Diamante a Paraná lo hice con la bici en la bodega del ómnibus; necesitaba llegar “presentable” donde mis amigos, ¡que la faena comenzaba al otro día!; es, además, un camino que tengo recontra andado y conocido. No tenía sentido el esfuerzo.

Lo mismo para cruzar desde Paraná a la provincia de Santa Fe: el único paso es el túnel subfluvial y no se permite el tránsito de ciclistas.

La mayoría de las empresas de transporte de media distancia te permiten viajar con tu bici en la bodega. Ni siquiera hace falta embalarla o desarmarla, ya que van prácticamente vacías. Si llevás tu linga o candado, podés atarla a alguno de los parantes.

– En materia de alojamiento: si bien te conté que no me quedé a dormir, por sugerencia de mi amigo Diego (que estuvo allí antes y es otra de esas «manos amigas»), fui a visitar las instalaciones del Complejo Punta Arena, un hermoso camping con amplia playa de arena sobre el río, dormis, sector para carpas y amplias instalaciones, donde pararemos en nuestra Travesía Pedaleando por las sendas del poeta. Agradezco infinitamente la amabilidad y atención de Georgina, la gurisa que me recibió en el ingreso, me contó absolutamente todo sobre el lugar y me permitió dar una vuelta en bici para reconocerlo. ¡Así da gusto ser recibido!

Desde luego, con tiempo, podés encontrar otras mil opciones si decidís ir por tu cuenta.

"Todo tiene un final, todo termina"...

Cantan los Vox Dei. Los biciviajes también, amigo viajero.

Te confieso que no soy el mismo de aquel viernes: me debía este viaje.

Y saber que estás ahí, del otro lado de la pantalla, me ayuda a seguir pedaleando para darte lo mejor de mí.

Por eso espero, de todo corazón, sean de tu interés estas líneas o te sirvan de inspiración para lanzarte a tu propio viaje. 

O, mejor aún, venirte a una de nuestras expediciones, travesías o pedaleadas mochileras que podés encontrar en la pestaña “Biciviajes” en nuestra web.

Agradecido por este rato compartido, te saludo hasta la próxima pedaleada, que espero sea compartida, che.

Un abrazo grande, 

Emanuel.

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¡Leo y respondo a la brevedad!

Reglamento para comentarios

No hay más reglas que las de la amabilidad, la cortesía y el respeto, amigo, amiga biciviajeros.

Pero nunca está de más recordar:

1- Si estás acá es porque, seguramente, amás los viajes y la bicicleta.

2- Saludá, presentáte y contános lo que quieras.

2- Opiná, preguntá, respondé desde el amor y la pasión que compartimos.

3- Si tuviste un mal día, mejor contános y, quizás, entre todos te podamos echar una mano. Y, porqué no, hasta unas pedaladas juntos si estamos cerca.

4- Aportá con humildad, desde tu experiencia, porque todos sabemos exactamente lo mismo: ¡nada!

5- Disfrutá la vida porque se pasa volando, ¡y es mejor plan, pasarla rodando!

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